Ser para uno, estar para otros.
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Ahora me siento convencida y una de las cosas que puedo decir con certeza es que, si el propósito tiene un punto de entrada, es el servicio. Hacer las cosas solo por y para uno mismo es uno de los caminos más engañosos, porque te vuelve egoÃsta, frÃo, te hace olvidarte de los demás. Creo que lo parecido a tener un porqué es mucho más valioso cuando esa mirada está puesta en el otro y cuando el otro también le entrega calidez a eso.
Y entiendo perfectamente, créame que lo entiendo, lo de no ponerlo todo en los demás. Créame que toda mi vida me dispuse a convertirme en una mujer de alma independiente. Eso me dio la libertad de saber hasta cuándo quedarme. No sé lo que es que te rompan tu identidad, tu alma por amor, hasta el punto de sentir que no mereces amor. Siempre he sentido, y sentiré, que merezco amor. Pero, si tengo que pensar en lo más ligero que me ha pasado, ha sido que se me rompa el corazón, cosa que, como simbologÃa, se puede recuperar. Nunca he permitido que nadie me haga caer tan bajo como para dejar de creer en el amor. Jamás he permitido que nadie mate mis ilusiones. Aun sintiendo amor por otro.
Toda mi vida me llené de estructuras, de todo lo que investigaba, de esas cosas que me enseñaban a conocer mi valor, a saber hasta cuándo quedarme, a entender cuándo algo ya no me hacÃa bien. Pero también eso puede convertirte en una persona que actúa desde los extremos y a la que a los demás les cuesta acercarse. Casi todos mis vÃnculos se han consolidado porque he dado el primer paso. Y, muchas veces, se sentÃa como si los demás esperaran algo de mÃ; algo más que simplemente poner, aunque fuera, mi mano en su mano. Una demostración de que los necesito. Y creo que ahà también entendà algo: ser independiente no significa no necesitar a nadie. Significa poder elegir a quién permites cerca de ti sin tener que abandonarte a ti misma para hacerlo.
Una de las cosas que siento es que siempre seré un alma autónoma. Creo que se escucha más rico asÃ. Y creo que uno debe ponerse en primer lugar para ser mejor para uno mismo y para los demás. No desde ese extremo de ser egoÃsta —cuidado con los extremos—, sino desde saber tu valor como ser, lo que eliges como definición, lo que te pones como letrero y lo que llevas con orgullo porque es tu sello. Entregar sin sentir que te estás perdiendo. Y una vez consolidado eso, ponerlo al servicio de otros… eso, es mágico.
Es cierto que muchas veces es un arma de doble filo, pero la verdad es que, si eres egoÃsta, sufres; y si no lo eres, pasas por decepciones, pero te recuperas porque aceptas que todo en la vida tiene algo de eso. Incluso con las inversiones: se pierde dinero cuando invertimos y otras veces se gana. Es de la misma manera cuando uno decide ser servicial con otros: unos lo valorarán y otros no. Pero, como en cualquier inversión, el secreto está en no enfocarnos en la pérdida, sino en volvernos mejores observadores de dónde ponemos y de lo que ponemos. Las experiencias están precisamente en exponernos a esa ganancia y a esa pérdida, en aprender a reconocer dónde nuestra entrega florece y dónde simplemente no encuentra tierra para hacerlo.
Poner al servicio lo que somos no es un desgaste. Al contrario, deja de sentirse como un esfuerzo cuando encontramos personas que nos ven y nos valoran. Te lo digo: a veces, las copas que están llenas son el único lugar donde debemos poner la mirada, porque lo que se perdió es lo que es, pero lo que está también es lo que es. Y podemos continuar regocijándonos de eso. No todo lo que se va merece que pasemos la vida mirando hacia atrás. Hay cosas que se pierden y, aun asÃ, nos dejan más capaces de reconocer aquello que sà permanece.
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Quizás de eso se trata también el servicio: de no entregar desde la carencia, sino desde lo que ya somos. De cuidar de ti sin dejar de cuidar de otros. De saber que puedes necesitar, amar, dar, servir y abrirte sin dejar de ser tú. Porque cuidar de ti y de otros es, al final, un bálsamo para tu alma.
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