Déjalos ser para que te permitas ser.
Existe una realidad inevitable: sin importar lo que hagas, las personas siempre tendrán una perspectiva de ti. Esa imagen que los demás construyen rara vez es un reflejo fiel de quién eres, casi siempre es una proyección de lo que ellos llevan por dentro. El ojo del otro no te ve desde la pureza de tu intención, sino desde el filtro de sus propios juicios, carencias y miedos. Para que alguien pueda realmente verte, tendrÃa que limpiar su mirada de prejuicios y convertirse en un observador puro, despojado de la necesidad impulsiva de proyectar sus sombras en los demás. Cuando una persona no está acostumbrada a que le pongan lÃmites, tu intento de proteger tu espacio personal será interpretado como una ofensa. En su narrativa, no eres alguien que se respeta, sino alguien "insensible". Es aquà donde ocurre el primer choque: lo que para ti es bienestar, para el otro puede ser un agravio. Se repite en diferentes faceta de la vida, si amas bailar y lo compartes, no ven tu alegrÃa...